jueves, 29 de marzo de 2012

A veces en la vida hay ocasiones en las que pasamos momentos duros, a los cuál llamamos dificultades, llamamos difícil a un simple perdón, a que dos personas que no se soporten se pongan de acuerdo, a un problema de matemáticas, a no llegar a fin de mes, a elegir entre dos opciones que pueden cambiar tu vida, a elegir entre dos personas. Nos pasamos la vida quejándonos, sin saber que aquello no nos va a llevar a ningún lado, a ninguna parte, como si fuéramos a conseguir algo, y no vemos que cada vez nos hundimos más y más. A esas pequeñas tonterías con grandes soluciones, pero, ¿de verdad sabemos lo que son las dificultades? Sí, es cierto, problemas mundiales, enfermedades... Pero al fin y al cabo sólo nos preocupamos de una cosa. Difícil es tratar de resolver el mundo sin resolver tu propia vida, difícil es estar en el mismo lugar y no atreverte a darle un beso, difícil es sentir que al fin y al cabo no lo tendrás ahí todas las mañanas pintándote una sonrisa, difícil es olvidarle, difícil es mirar el reloj y saber que en 60 minutos le has pensado de 60 putas maneras diferentes, difícil es tratar de fingir que no estoy loca por él, difícil es tener que odiarle porque odias quererle tanto, difícil es ver que te está estallando la cabeza pensando que no va a estar ahí cómo cada tarde, difícil es verle con otra, eso es difícil.

domingo, 25 de marzo de 2012

Perdón.

Querido estómago: Perdón por las mariposas, que solté sin controlar, cuándo realmente, fue un error. Perdón por no cazarlas antes de que llegaran a la garganta y se chocaran entre sí, queriéndose morir.
Querida almohada: Perdón por todas las lágrimas, por no consultarlo primero contigo, por abrazarte pensando en alguien que no eras tú, y por golpearte cuándo no fuiste tu el que me trató tan mal.
Querido corazón: Perdón por todo el daño. Por todo. Por suplicarte que aguantaras lo insoportable, por prohibirte hablar, por hacer de ti un viejo músculo; algo mal parado. Perdóname por no cuidarte tanto como te mereces.
Querido cerebro: Perdóname por no creerte, aún sabiendo que tenias razón. Por no escucharte, y por creer que corazón y tu estabais en guerra... No sabía, que lo único que queríais era alguien que concordaba con ambos.
Querido tiempo perdido: Gracias por haber existido, por haberme dejado libertad para actuar como quería, y lo siento por no haber comprendido antes, que tú, no volverías.

Te quiero.

Es cómo gritar sin que nadie pueda oírte. Siempre te sientes culpable de que alguien pudiera ser importante, que sin el o ella, sientes que no eres nada. Nadie entenderá nunca cuánto duele. Te sientes sin esperanzas, cómo si nadie pudiera salvarte. Entonces cuándo se acaba, desaparece, casi desearías que todo ese mal asunto volviera, sólo para poder tener lo bueno.

Querido destino:

He perdonado errores imperdonables, he intentado sustituir personas insustituibles y olvidar otras inolvidables. He hecho cosas por impulso. Me he decepcionado con personas que nunca había pensado decepcionar, pero también he decepcionado a otras. Me he reído cuándo no podía, he hecho amigos eternos, he amado y he sido amada, pero también he sido rechazada. He gritado y saltado de felicidad y me he caído muchas veces. He llamado a alguien sólo para escuchar su voz, me he enamorado de alguna sonrisa. He tenido miedo a perder a alguien que creía conocer, lo he perdido y no me ha importado. Pero de todas formas gracias, aún respiro.